Casamenteras
(Fotograma de la película de Witt Stillman, "Amor y amistad" basada en la novela corta Lady Susan)
La figura de la casamentera aparece, de forma más o menos clara, en algunos libros de Jane Austen. La más famosa y pizpireta es Emma, que comete algunos errores de bulto al querer buscarle pareja a su amiga Harriet Smith, que falla en el compromiso de Jane Fairfax y, sobre todo, que no se da cuenta de sus propios sentimientos. Pero salvado este delicioso personaje a quien le perdono todo, en Persuasión aparece una casamentera muy particular. Se trata de Lady Russell, la persona que, por su ascendiente en la joven Ann Elliot, consigue que esta rechaza al capitán Wentworth y renuncie así a su felicidad, a la de ambos, y que luego insiste en querer que acepte la proposición de matrimonio de su primo, el señor Elliot.
No recoge el libro las escenas ni los argumentos utilizados para la primera cuestión, al haber sucedido años antes y tener solamente las referencias y los resultados, pero sí se explicita con mucha claridad la intención que tiene Lady Russell de que Ann acepte al señor Elliot y las palabras que usa para ello. Nunca me ha quedado muy claro con la lectura del libro si es que Lady Russell era demasiado boba o estaba demasiado pagada de sí mismo para pensar que siempre tenía razón. Sus consejos, es evidente, cuando caen en saco roto son acertados y cuando se siguen traen la desgracia. Quizá lo que ocurría es que, a pesar de que le tenía afecto a Ann, este se veía oscurecido por una concepción de la vida y de la mujer en la que el matrimonio era fundamental. Si Ann se casa con el señor Elliot, a quien le corresponde heredar la hacienda familiar porque estaba vinculada al pariente varón, estaba claro que podría ser la señora de su propia casa (lo que no deja de ser algo inaudito), así que este es el argumento principal que aprovecha Lady Russell para intentar convencerla.
Afortunadamente, así como la renuncia fue posible por la juventud de la chica y, sobre todo, porque ella pensaba (ya que así fue persuadida por Lady Russell) que podría perjudicar la carrera militar de su amado (y esto es un gesto de desprendimiento que merece aplauso), ya, en los momentos en los que el libro retoma la historia, no parece dispuesta a transigir. Y no solo porque tiene en sus pensamientos todavía a Frederick, sino porque no le gusta ni un pelo su señor primo. Y resulta interesante y extremadamente curioso que el rasgo de su carácter que menos le gusta se exprese de esta forma: "Mr. Elliot era razonable, discreto y educado, pero no era franco" Y Anne estimaba "la franqueza, la sinceridad y la espontaneidad sobre todas las cosas". Mentirosos, abstenerse.

