Kellynch Hall, la nostalgia del hogar


(Casa de campo de la época georgiana)

Las casas de campo georgianas, en las que vivía la gentry y la pseudogentry, mediana y pequeña nobleza rural, protagonistas de la mayoría de las novelas de Jane Austen, eran de estilo neoclásico, según la interpretación que había hecho Andrea Palladio (1508-1580). Sus líneas eran, por tanto, sencillas, claras, con amplios ventanales, diáfanas escaleras de acceso y buhardillas. Rodeadas de jardines al estilo inglés, pues es en esta época cuando se ponen de moda, las casas eran el emblema de la familia, el hogar familiar, el sitio en el que crecían los niños y morían los ancianos. La pérdida de este referente producía desgarros emocionales en las personas y eso aparece muy claramente en la obra de Austen, quizá porque ella lo vivió en primera línea. Su casa infantil de Steventon se cambió, por decisión del padre, por una casa o varias, de alquiler en Bath, y luego terminó estando de prestado en Chawton Cottage, gracias a la generosidad de un hermano que estaba bien situado económicamente, Frank, y pudo socorrer a su madre y sus dos hermanas. 


(Chawton Cottage contiene hoy el Museo Jane Austen)

Quizá es esa vivencia la que hace que en sus novelas aparezcan tan destacadas las casas de sus protagonistas y la nostalgia de ellas cuando tienen que dejarlas. En Persuasión la casa familiar de los Elliot es Kellynch Hall. Allí se produce el mayor desgarro cuando tienen que alquilarla a otras personas porque el señor Elliot no puede sostenerla con sus ingresos de baronet. La casa, afortunadamente para todos, la ocupan los señores Croft, cuyo jefe de familia es un contraalmirante de acendrado valor y fuertes principios. Sin embargo, la vida es muy dura a veces, o quizá juega con nosotros porque da la casualidad que tanto favorece el relato de que la esposa de Croft es hermana de Frederick Wentworth, el amor fallido de Anne, el hombre al que sigue adorando, su pasión secreta.


(Villa Rotonda, de Andrea Palladio, 1566, en Vicenza, Italia)

Ninguna otra casa puede sustituir en su corazón esta de Kellynch Hall. Ni las estancias en Lyme, en la costa que tanto le satisface a Anne, ni, por supuesto, Candence Place, en la misma ciudad de Bath, puede llegar a sustituir en su afecto la casa de toda su vida, en la que vivió su madre hasta que ella tenía catorce años. De manera que esta gran pérdida, la pérdida del referente espacial, del paisaje más íntimo, de salones, cuartos y jardines, ha de unirse en su sentimiento a la pérdida del amor, a la renuncia al hombre del que está enamorada desde el primer momento. 

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