La moda Austen
Los cuadros de François Gerard (1770-1837) que ilustran esta entrada representa a una mujer ataviada del vestido propio de estos años en Francia. Y, asimismo, es esta la moda que vemos en las mujeres Austen, porque en esos tiempos de la regencia del rey Jorge, la llamada era georgiana, Inglaterra se mantenía fiel a la moda francesa y los atuendos femeninos eran un calco. Hay que fijarse en el vestido para entender las diferencias entre este y los que se verán después en la época de la reina Victoria.
Las confusiones entre las distintas etapas y el error frecuente que se comete situando indebidamente a Jane Austen (1775-1817) dentro de lo que se denomina moda romántica lleva a que, incluso, en las adaptaciones cinematográficas y teatrales de sus libros, salvo excepciones, se caiga en esas confusiones.
Las confusiones entre las distintas etapas y el error frecuente que se comete situando indebidamente a Jane Austen (1775-1817) dentro de lo que se denomina moda romántica lleva a que, incluso, en las adaptaciones cinematográficas y teatrales de sus libros, salvo excepciones, se caiga en esas confusiones.
Los vestidos tenían, como este, talle imperio, es decir, cintura alta. Esto significa que la silueta no se marcaba y también que había que resaltar alguna parte del cuerpo femenino que resulta ser el busto. Los escotes son muy amplios y las mangas cortas, de farol.
En ocasiones el vestido iba sobre una camisa que tenía manga larga y escote más subido y, también, podían aparecer sobre el cuello, a modo de aditamento elegante, un pañuelo, un encaje o una capita corta. Las mangas cortas estuvieron de moda todo lo que duró el estilo Imperio, trasladado a Inglaterra desde Napoleón. La llegada de las mangas largas fue posterior porque lo más que se alargaron en tiempos de Austen fue hasta el codo.
En ocasiones el vestido iba sobre una camisa que tenía manga larga y escote más subido y, también, podían aparecer sobre el cuello, a modo de aditamento elegante, un pañuelo, un encaje o una capita corta. Las mangas cortas estuvieron de moda todo lo que duró el estilo Imperio, trasladado a Inglaterra desde Napoleón. La llegada de las mangas largas fue posterior porque lo más que se alargaron en tiempos de Austen fue hasta el codo.
En relación con el cuerpo del vestido, era alargado, liso, sin frunces ni lazos, formado por varias capas de tejido suave, que impedía que se transparentara. Sobre el vestido podía ir una chaquetilla corta, a modo de bolero, también con mangas de farol, o un abrigo largo, de una estilismo muy parecido.
La tela más usual era la muselina, porque la seda era muy cara y se reservaba para ocasiones muy especiales, lo mismo que el tul y, sobre todo, el satén, propio de las novias. Los brazos desnudos y el amplio escote son una característica fundamental de esta moda traída de Francia, de la época del Imperio, que pervivió en Inglaterra durante todo el período anterior a la reina Victoria.
Recordemos que en "Emma" la insoportable señora de Elton critica el enlace entre la protagonista y el señor Knightley precisamente porque ve una lamentable ausencia de satén, lo que significaba que era una boda demasiado sencilla a su juicio.
La tela más usual era la muselina, porque la seda era muy cara y se reservaba para ocasiones muy especiales, lo mismo que el tul y, sobre todo, el satén, propio de las novias. Los brazos desnudos y el amplio escote son una característica fundamental de esta moda traída de Francia, de la época del Imperio, que pervivió en Inglaterra durante todo el período anterior a la reina Victoria.
Recordemos que en "Emma" la insoportable señora de Elton critica el enlace entre la protagonista y el señor Knightley precisamente porque ve una lamentable ausencia de satén, lo que significaba que era una boda demasiado sencilla a su juicio.
Los zapatos eran bajos, aún no se habían inventado los tacones. Para salir a la calle se usaban botines, atados con cordones. Para estar en casa, unos simples chapines. Había otra serie de complementos, como chales, capas, gran variedad de cofias y sombreros, mañanitas, guantes y pañuelos de encaje para el cuello.
El pelo se llevaba recogido, adornado con rizos en la parte delantera, así como en la nuca. Algunos de esos rizos caían hacia los lados y sobresalían de las cofias o sombreros. Estos eran de paja, de fieltro, incluso de materiales más suaves, adornados con lazos, flores y frutas. Las mujeres de esta época se defendían del sol todo lo que podían y por eso nunca salían a la calle sin llevar sombrero. Tener la tez morena se consideraba un signo de poca distinción y propio de la gente trabajadora. Es más, se aplicaban tratamientos blanqueadores en la cara y las manos. Un buen cutis era el mejor seguro de belleza.



